Sobre mí
La Historia
Mi historia no empezó entre moldes ni mechas, sino entre plantas, tierra viva y pequeños gestos cotidianos.
Crecí rodeada del amor por la naturaleza que habitaba en mi familia: una sensibilidad compartida que heredé de mis dos abuelas, de mi tía y de mi madre. De ellas aprendí a mirar la flora no como un simple adorno, sino como una presencia viva que cuida, acompaña y acoge.
Desde la adolescencia, impulsada por esa fascinación instintiva, mi curiosidad me llevó a disecar flores y guardar hojas entre las páginas de los libros. Buscaba una manera de conservar su belleza breve, de aprender su lenguaje sutil y mantener su huella en el tiempo.
Sin saberlo, en ese aprendizaje paciente y familiar comenzó mi camino hacia la calma.
La materia viva
Años más tarde, aquella inquietud me condujo al universo de las ceras.
Quería comprender cómo transformar la materia sin perder su esencia. Así comenzó un proceso de formación profunda en el que fui descubriendo qué elementos podían convivir con el respeto por la naturaleza y con el bienestar de nuestros espacios.
Fue entonces cuando conocí la cera de soja.
Me cautivó desde el primer instante: su textura sedosa, la tibieza de su tacto, su aspecto limpio y su carácter natural. Comprendí que no era simplemente un soporte para una vela, sino una materia noble que merecía ser trabajada con cuidado y respeto.
El ritual completo
El deseo de crear una experiencia coherente y llena de sentido me llevó a seguir aprendiendo.
De la cera pasé al estudio de las fragancias, buscando composiciones que no invadieran, sino que acompañaran los espacios con delicadeza.
Y de los aromas, a la alquimia paciente de las mechas: probar, observar, ajustar y volver a empezar hasta encontrar una combustión equilibrada, serena y silenciosa.
Poco a poco, hilo a hilo, matiz a matiz, la curiosidad y la herencia se transformaron en oficio.
Y el oficio dio vida a Trataka Vela.
Mi propósito
Hoy, cada pieza que sale de mi taller lleva consigo la memoria de aquellas manos que me enseñaron a amar lo vegetal.
Lleva también el respeto por los procesos lentos, por la materia elegida con conciencia y por esos pequeños momentos que nos invitan a detenernos.
Porque para mí, una vela no es solo una fuente de luz.
Es una pausa.
Un aroma que acompaña.
Un espacio de calma.
Un pequeño ritual que transforma lo cotidiano.
En Trataka Vela creo piezas artesanales pensadas para llevar a tu hogar un refugio de luz, calidez y presencia.
Gracias por permitir que la artesanía consciente entre en tu hogar.